En esta sección hablaremos de los cuatro errores más comunes que surgen al momento de relacionarse con el diseñador. La relación cliente-diseñador es el motor del trabajo de diseño. Dada su necesidad mutua, el cliente y el diseñador deben construir una relación fluida, armónica, agradable y eficiente si quieren que el trabajo salga como debe. Una relación trabada o agresiva es garantía de un trabajo deficiente. Si usted desea que el trabajo de diseño que encargue salga bien, tiene que poner todo su esfuerzo por entenderse con el diseñador que contrate.

Estos son los cuatro errores más comunes y que deberán ser evitados a toda costa.

El diseñador no escucha al cliente. Cuando un diseñador se coloca en una actitud soberbia y no escucha al cliente porque lo considera una persona que no sabe nada sobre el tema se produce un gran inconveniente. En primer lugar, suele ser cierto que el cliente no sabe nada de diseño, pero está claro que es por eso que contrata a alguien para hacer el trabajo. En este caso el esfuerzo deberá ser hecho por el diseñador para abandonar esa postura soberbia tan desagradable y que nada ayuda al trabajo porque aunque el diseñador haga lo que quiere sin escuchar al cliente, el cliente rechazará todo lo que presente el profesional.

El cliente se pone a diseñar. El encargado de manejar los programas y herramientas gráficas es, de forma exclusiva, el diseñador. El cliente no debe diseñar cosas y pedirle al diseñador que las arregle, eso es un error. Hacer esto no sólo genera pérdidas de tiempo sino que coarta el ingenio, creatividad, habilidad e imaginación del diseñador. Para que la relación con el diseñador sea efectiva usted no deberá ponerse a diseñar a menos que sea absolutamente necesario y no quede ninguna otra opción. De otra manera, deje que el diseñador utilice las herramientas gráficas ya que es él el que las conoce verdaderamente.


El diseñador no trabaja si el cliente no le indica qué hacer. Este es un gran problema de algunos diseñadores: se limitan a hacer exactamente lo que el cliente les indica y cuando no les indica nada, no hacen nada. A pesar de que ésta es la actitud que algunos clientes obligan al diseñador a tomar por ser demasiado rigurosos con lo que desean nunca es buena idea permitir que un diseñador haga esto. Cuando alguien contrata a un diseñador no espera lo mismo que un escritor que contrata a una persona para que escriba lo que él dice. El cliente desea que a partir de lo que él le indica al diseñador éste ponga toda su creatividad en transformarlo en lago mejor y diferente. Si el diseñador no pone de sí, el trabajo nunca dará resultado.

El cliente que no es claro. El diseño consiste en transformar ideas en signos. Si el cliente no aporta ideas, no habrá trabajo para hacer. No se le debe exigir NUNCA al diseñador que piense por usted. Las ideas que usted tiene para su sitio Web deberán ser suyas y no podrá pedirle al diseñador que “invente algo”. Y en caso de que usted sí tenga ideas, deberá esforzarse al máximo para darse a entender. Suele suceder que es muy difícil para los clientes explicar exactamente qué es lo que quiere. Esto puede suceder porque no saben cómo hacerlo o porque no saben exactamente qué es lo que quieren. En cualquier caso, el trabajo corre por cuenta del cliente quien deberá ser claro al momento de explicarle al diseñador qué desea. Nunca se le podrá pedir al diseñador que diseñe “algo mas o menos así”: las ideas deben ser precisas, y firmes. No está mal que le pida ayuda al diseñador para expresarse o para completar la idea. Este sitio, que concluye en este mismo acto ha tenido la intención de darle herramientas para expresarse mejor y tener mejores ideas.


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